Más allá de la decoración: Las bondades de una técnica de arquitectura vegetal milenaria

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Por: Daniela Ramírez

Cada vez que recorremos la ciudad es más frecuente encontrarnos con jardines verticales y muros verdes; la conciencia con el cuidado del ambiente y la eficiencia del uso de la energía incrementa día a día. Esta, más que una tendencia, se convierte en un estilo de vida que se refleja en prácticas de construcción y decoración más ecológicas. Pero la vegetación en interiores y fachadas no es algo nuevo, es una técnica tradicional que brinda beneficios que incluso tienen incidencia en nuestra salud física y psicológica.

Debido a las condiciones climáticas hostiles en algunos lugares del mundo, el ser humano desde hace mucho ha utilizado la vegetación y los materiales que esta brinda para suplir su necesidad de resguardo y abrigo. El uso de este elemento natural con un uso decorativo también se remonta a épocas milenarias, los primeros en usarlo fueron los egipcios y hay evidencia de esto en algunas pinturas de las tumbas egipcias. Después de estas, han habido otras evidencias de arquitectura vegetal a lo largo de la historia: los míticos jardines colgantes de Babilonia, los jardines de Grecia y Roma, las guirnaldas y tramos florales en las iglesias, palacios y patios de la época gótica, entre otras. 

Además de contar con una larga historia y de generar espacios estéticamente mucho más agradables, los muros verdes brindan un sinfín de beneficios y ventajas ambientales, sociales y para nuestra salud. Son un medio para enmendar el daño y la contaminación que el ser humano ha generado durante la historia, porque como dice Friedensreich Hundertwasser: “Debemos devolver a la naturaleza lo que la ciudad le ha robado a través del concreto”.

 

Beneficios de los jardines verticales:

 

  • Purifican el aire y producen oxígeno: 1 m2 de muro verde extrae 2,3 kg de CO2 del aire y produce 1,7 kg de oxígeno al año.
  • Regulan la temperatura: Las plantas pueden disminuir el calor del ambiente cuando evaporan el agua, la condensan y realizan la fotosíntesis. Si el clima es frío, puede retener el calor interior y si es caliente, pueden dificultar la entrada de calor exterior. Pueden reducir la temperatura del ambiente de 1 a 5 ºC, lo cual permite ahorrar en refrigeración en hasta un 50% y reduce al mismo tiempo, el famoso efecto isla en las ciudades.
  • Regulan la humedad: Cuando el aire está muy seco, evaporan gran cantidad de agua y, al mismo tiempo, aumentan la humedad relativa del ambiente. Efecto beneficioso para personas con problemas respiratorios.
  • Protegen del ruido: Si el jardín vertical tiene un buen espesor, es capaz de convertirse en una pantalla acústica o barrera de sonido que absorbe hasta 41% más de ruído que una fachada sin vegetación. 
  • Produce alimentos: En este tipo de estructuras es posible sembrar algunos productos para el consumo humano como aromáticas, lechugas y algunas legumbres y frutas. 
  • Tiene efectos psicológicos: Estos espacios tranquilizan a las personas que están estresadas y generan estímulos a las que están cansadas. Junto con esto, influyen en un mejor rendimiento en espacios laborales, permiten que los enfermos se recuperen mejor y previenen la depresión. 

Un ejemplo de esto es un experimento exitoso que se llevó a cabo en Bogotá en un centro gerontológico para mejorar el estado de ánimo y bienestar de los adultos mayores a través de la instalación de jardines verticales.

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